Los hechos se desencadenaron cuando Pedro Avila circulaba a bordo de su motocicleta por la intersección de la calle Roque Sáenz Peña y la Avenida Belgrano Sur. Según el testimonio de su hermana, Pedro se detuvo en dicha esquina para conversar con un conocido.
Si bien la Dra. Avila reconoció que su hermano conducía en estado de ebriedad —con un nivel de alcoholemia que arrojó 1.60 g/l—, remarcó que este había frenado, estacionado el motovehículo y descendido voluntariamente. Sin embargo, la letrada denunció que esta situación fue ignorada por los uniformados y que se fabricó una causa por contravención y disturbios inventados para justificar el operativo.
Un traslado catalogado como “un infierno”
La situación escaló cuando el sargento Mario Espinosa, numerario de seguridad vial sobre quien pesan múltiples denuncias previas (incluyendo causas por violencia de género), interceptó a Pedro bajo el argumento de que circulaba sin casco. Tras un intercambio verbal, el efectivo procedió a detenerlo de forma violenta.
– Agresiones físicas y uso de elementos punzantes: La Dra. Avila denunció que el sargento Espinosa utilizó anillos con puntas filosas para golpear y lesionar a su hermano.
– Tortura y riesgo de vida en el patrullero: Durante el traslado desde la Avenida Belgrano Sur hasta la comisaría, Pedro fue sometido con la cabeza hacia abajo y una rodilla apoyada sobre su espalda, recibiendo constantes golpes en las costillas. Al ser una persona que padece un soplo en el corazón, el afectado llegó a la dependencia policial llorando, con serias dificultades para respirar y temiendo por su vida. La agresión se extendió a otro familiar
La violencia institucional continuó al arribar a la comisaría.
Al enterarse de la situación, su hermano Nelson Avila acudió al lugar. Al percatarse de que el sargento Espinosa continuaba empujando y maltratando a Pedro —quien ya se encontraba esposado—, Nelson intervino para recriminarle su accionar.
Lejos de cesar en su actitud, Espinosa empujó y le propinó un golpe de puño en la boca a Nelson, dejando a ambos hermanos con visibles lesiones físicas.
Silencio institucional y falta de respuestas
Ante la gravedad del episodio, la Dra. Avila intentó comunicarse en reiteradas oportunidades con el comisario Luján, pero nunca obtuvo respuesta a sus llamados. Tras enviarle mensajes, fotografías y videos probatorios de las agresiones sufridas por sus hermanos, la respuesta institucional brilló por su ausencia, dejando en evidencia un preocupante manto de encubrimiento hacia el personal policial implicado.
En todo momento de la nota la Dra. Liliana Ávila explicó que si se comprueba que sus hermanos actuaron mal y cometieron algún ilícito enfrentaran las sanciones correspondientes pero que eso no justifica las agresiones que sufrieron.


























































