La diabetes convirtió a Bety en una paciente de riesgo frente al coronavirus porque el 5 de mayo pasado tuvieron que operarla de un ojo ya que “le dijeron que si no se operaba podía quedar ciega”, según recordó Natalia. La intervención fue exitosa, pero los eventos se desarrollaron rápidamente a partir de ese momento.
“Ese día fui a verla a su casita. Estaba bien, pero dolorida. El viernes volví a verla, estaba en una reposera y se sentía mejor”, contó Natalia. Para el sábado 9 de mayo empezó con una fiebre y el domingo ya sentía dolor en el cuerpo.
“El lunes le hicieron el test que dio positivo. Le hicieron una placa de tórax y no salió bien, ya le faltaba el oxígeno. Ese mismo día la internaron en el Marcial Quiroga”, recordó su hermana.
Los pulmones y riñones de Bety comenzaron a fallar. “Nos pidieron que le lleváramos un teléfono y un camisón, pero cuando mi hermana, la única que no se contagió, fue el día siguiente a llevarle las cosas, le informaron que estaba en Terapia, en coma e intubada“, recordó Natalia.
Bety y su marido se habían mudado en enero de 2021 a la casa que habían construido en el departamento de San Martín, donde la docente era muy querida y reconocida por su labor educativa. La pareja tiene dos hijos, una nena de 13 años y un varón, de 9.
Al domingo siguiente de ser confirmada como paciente con coronavirus los médicos informaron a la familia sobre una “leve mejoría” de Bety, pero el día terminó con la noticia de su muerte por un paro cardiorespiratorio.
“Bety era una excelente maestra, era una excelente persona, era la segunda madre de mis hijos, le decían ‘mama’. Esto es muy triste”, expresó Natalia.
De los seis hermanos, sólo una esquivó hasta el momento el Covid-19. El resto sigue aislado hasta obtener el alta, a la espera de poder visitar la tumba de Bety en el cementerio 9 de Julio.



























































