Todo en ella es fabuloso.
Desde las hojas de parra de plata dorada que adornan el borde y forman el pie de la copa, hasta las peque??as esculturas de vidrio que representan varias escenas de la muerte de Licurgo, el mitol??gico rey de Tracia que perdi?? la vida por prohibir el culto a Dionisio, el dios tracio del vino.
Es un ejemplo excepcional, que data del siglo IV, de las que se conocen como copas de jaula o diatretum, pues las figuras de vidrio se entrelazan formando una suerte de jaula decorativa.
Las diatretas se cuentan entre los objetos de vidrio m??s t??cnicamente sofisticados que se produjeron antes de la era moderna.
Uno de los dos primeros expertos que la pudieron examinar en detalle en los a??os 50, David Benjam??n Harden, la describi?? como “la pieza de vidrio m??s espectacular de ese per??odo que conocemos“.
Y, a medida que se fue conociendo mejor, m??s estupefactos dejaba a los cient??ficos.
Les impresionaba la habilidad de los artesanos para crear un objeto tan exquisito, que incluso con las m??quinas modernas requerir??a de destreza y tiempo para reproducir.
Pero eso no era todo.
Los artistas romanos que la crearon hace m??s de un milenio y medio hab??an dejado un secreto en su interior, que se revelaba con un dram??tico cambio de color.
A veces se ve??a as??:
THE TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUMY otras as??:
THE TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUMEl cambio depend??a de la direcci??n de la luz.
Al alumbrarla por delante, su color es verde jade y opaco; por detr??s, se torna rojo rub?? transl??cido… y varios tonos de esos dos colores en medio.
Perplejidad
Desde que el Museo Brit??nico la adquiri?? en 1958, el misterio del color del c??liz milenario intrig?? a los expertos.
No fue sino hasta 1990, cuando unos investigadores en Inglaterra examinaron con microscopios unos fragmentos del vidrio, que se descubri?? que los artesanos romanos fueron unos pioneros de la nanotecnolog??a.
Hab??an impregnado el vidrio con part??culas de plata y oro que redujeron a 50 nanometros en di??metro, es decir, mil veces m??s peque??as que un grano de sal.
Tal escala s??lo da cabida a la perplejidad.
THE TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUMParticularmente porque simplemente a??adir oro y plata al vidrio no produce autom??ticamente esa propiedad ??ptica ??nica.
Para lograrlo, se requiere un proceso tan controlado y cuidadoso que lleva a que muchos expertos descarten la posibilidad de que los romanos hayan podido producir la asombrosa pieza por accidente, como sugieren algunos.
Es m??s, la mezcla tan exacta de los metales hace pensar que los romanos llegaron a entender c??mo usar las nanopart??culas.
Descubrieron que si le a??ad??an metales preciosos al vidrio fundido lo pod??an te??ir de rojo y producir unos efectos de cambio de color inusuales.
Pero, seg??n los investigadores del estudio “La copa de Licurgo – la nanotecnolog??a romana”, era una t??cnica demasiado complicada para perdurar.
No obstante, siglos m??s tarde la maravillosa copa fue la inspiraci??n para la investigaci??n contempor??nea de nanoplasmones.
Ese secreto que dejaron los antiguos romanos en un c??liz que honra al dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el ??xtasis, hoy en d??a es valioso, entre otras cosas, para diagnosticar enfermedades e identificar riesgos biol??gicos.






























































