Xi Jinping, que está a punto de asegurarse un tercer mandato de cinco años al frente de la nación más poblada del mundo, elogió el domingo pasado en el Congreso del Partido Comunista chino (PCCh) los logros de su década en el poder y reafirmó su promesa de “reunificar” algún día a China y Taiwán.
Blinken acusó al mandatario chino de “crear una tensión tremenda” al cambiar su postura respecto a la autonomía de Gobierno de Taiwán y resaltó que había tomado una “decisión fundamental de que el statu quo ya no era aceptable, y que Beijing estaba decidido a buscar la reunificación en un plazo mucho más rápido”, aunque no hizo estimaciones de fechas.
En respuesta al discurso de Blinken, el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, acusó a Estados Unidos de haber cambiado su propia postura hacia Taiwán, citando ejemplos como la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, y la venta de armas a la isla en septiembre.
“La resolución pacífica del problema de Taiwán no puede coexistir con el separatismo de Taiwán”, dijo Wang.
Se espera que Xi se reúna con su homólogo estadounidense, Joe Biden, en el marco de una cumbre del G20 el próximo mes en Bali, su primera reunión desde que el mandatario estadounidense asumió el cargo.
La tensión entre China y Taiwán se agravó tras la visita de Pelosi a la isla el 3 de agosto, pese a las protestas de Beijing, que vio en ese viaje el apoyo de Washington a los independentistas taiwaneses.
China y Taiwán están separadas de hecho desde 1949, cuando las tropas comunistas de Mao Zedong derrotaron a los nacionalistas, que se refugiaron en la isla.
Estados Unidos reconoció en 1979 al gobierno de Beijing como el de toda China, incluyendo a Taiwán, aunque siguió dando respaldo militar a la isla.
La “reunificación” de China es un objetivo prioritario para Xi Jinping, quien la semana pasada le dijo formalmente a Biden por teléfono que evitara “jugar con fuego”.




























































