La propuesta, centrada en el juego motor, se alejó deliberadamente de las dinámicas competitivas para consolidar un lenguaje universal de encuentro. A través de actividades donde el éxito del grupo dependía estrictamente de la colaboración mutua, se lograron resaltar y potenciar las capacidades individuales de cada uno de los alumnos de ambas instituciones.

A lo largo de las distintas propuestas lúdicas, el personal docente y técnico destacó la participación activa y el clima de alegría colectiva. Los organizadores señalaron que se vivieron momentos de profunda emotividad gracias a la interacción natural y empática lograda entre los niños y jóvenes, quienes encontraron en la risa el motor principal para derribar barreras. Todas las actividades contaron con las adaptaciones necesarias para garantizar la accesibilidad y el disfrute pleno de cada participante.

Para culminar la jornada, se llevó a cabo un brindis comunitario que reunió no solo a los alumnos y docentes, sino también a las familias, quienes acompañaron el desarrollo del encuentro con entusiasmo y calidez. Este espacio de socialización final sirvió para intercambiar experiencias y, fundamentalmente, para fortalecer la red de apoyo mutuo entre la institución educativa y el centro terapéutico.

Conclusión del encuentro: Desde las instituciones participantes señalaron que la jornada no solo cumplió con creces sus objetivos pedagógicos y terapéuticos, sino que dejó una profunda huella emocional en la comunidad, demostrando que con voluntad y espacios de juego adecuados, la inclusión plena es una meta alcanzable.