Malvina Parejas, es una joven mamá que el pasado jueves acogiéndose al decreto provincial para regresar al territorio provincial, decidió regresar a nuestra ciudad acompañada por su padre que fué a buscarla a la provincia de Mendoza. Para llegar finalmente al hotel donde los hospedaron en la capital de la provincia debieron pasar mil peripecias y sortear obstáculos burocráticos, los cuales en su mayoría se dieron en nuestra ciudad.

Tanto Malvina como su padre arribaron al control caminero ubicado sobre Ruta Nacional Nº 141, debiendo aguardar en el lugar para que alguna autoridad municipal se hiciera presente y determinara que se iba a hacer con ellos, sin ningún tipo de control sanitario realizado en el momento, solo la toma de temperatura por parte de los efectivos que se encontraban en el lugar.

La joven madre manifestó a RADIOMETRO que tras enviarlos a la capital a realizar la cuarentena, debieron aguardar varias horas en el control de Talamuyuna, con bajas temperaturas y ni siquiera la posibilidad de hacerle una mamadera de leche para su pequeño hijo, y que solo pudieron avanzar por la predisposición de una uniformada que “es de Chepes, ella fué la que nos consiguió el hotel, porque no había lugares, y me dolieron mucho las palabras o amenazas de un funcionario municipal que le dijo a mi mamá que se calme porque estaba muy frío para dormir en la comisaría, esas cosas no se hacen pero eso fué lo que más brinca me dió” .

“A mi papá le pusieron tres stent en el corazón, es una persona de edad, y a mi hijo de cuatro meses, pero desde la policía les dijeron que nos iban a poner una custodia en la puerta de la casa para hacer la cuarentena, y Cortez (Secretario de Gobierno) dijo que era un capricho que no queríamos ir a La Rioja, la policía nos escoltó para cargar nafta, que no pedimos a la municipalidad, y nos siguieron hasta pasar el cementerio y se volvieron” aseguró Parejas.

Desde Chepes salieron aproximadamente a las 00 Hs. del Viernes, “llegamos a la una y media al control de Talamuyuna donde nos dijeron que debíamos esperar hasta las ocho y media de la mañana que era el horario de entrada, pero no teníamos ni agua para hacerle la leche a mi hijo”, pero finalmente ingresaron a las 6 de la mañana dado que los policías debieron realizar las gestiones ante la delicada situación con el bebé y apelando al sentido común de que no podía pasar la noche en ese sitio.

Nuevamente queda expuesta la falta de previsibilidad de las autoridades departamentales para anticiparse a los hechos y no actuar cuando los mismos ya se encuentran consumados. En esta ocasión una joven madre, su bebé de cuatro meses y una persona mayor, incluída en los grupos de riesgo, debieron padecer la falta de ideas reinantes.

 

 

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