Muchas años antes de su muerte, en el 2010, Fort firmó un poder ante un escribano para darle a su amigo inseparable la tutoría legal de sus hijos en caso de fallecer. Según ese documento, le correspondía cuidar de Marta y Felipe hasta su mayoría de edad y administrar su millonaria herencia. En este sentido, Martínez manifestó: “Yo no cobro un peso, soy sólo el administrador. Como tutor, contraté un abogado que es el que se encarga de todas las cuestiones que tienen que ver con los bienes y la herencia”.
Sobre el rol de Martínez, Felipe en una nota contó: “Gustavo es nuestra mamá. Nunca nos castigó. Jamás. Nos enseña bastante valores”.




























































