Ni siquiera quieren imaginarse que dejarán de gritar goles del gran goleador de este equipo que le sacó más de un aplauso a Susana Giménez (presente en un palco). El 9 fue tan figura como la diva de los teléfonos, aunque atrás suyo tuvo a un 11 a la altura de las exigencias de Gallardo.

Un equipo que volvió a jugar en nivel fútbol total luego de la excelente goleada a Colo Colo: parece que, luego de algunas turbulencias en el semestre, finalmente agarró altura y ya vuela a velocidad crucero. El Muñeco acertó en devolverle la titularidad a Santiago Simón y, sobre todo, en ponerlo como interno por derecha, dejándole la banda a De la Cruz para formar un triángulo letal junto a un Mammana top.

El dominio fue total, como el frío a metros del Río de La Plata. Pero este equipo, que cuando entra en sintonía contagia su fútbol como estas nuevas variantes el Covid, mantuvo las gargantas de los hinchas bien calientes. Vaya uno a saber si también la de Pep Guardiola, aunque no hay dudas de que el futuro DT de Álvarez se debe haber frotado las manos varias veces por el sobresaliente nivel de su nuevo delantero.
Uno que no tiene problemas en mancharse el short y la camiseta para barrer y robar la pelota (así nació el primer tanto), que no falla cuando tiene el arco entre ceja y ceja y que sigue corriendo y presionando a rivales aún con el juego 4-0 (sino pregúntenle al pobre arquero peruano, que cuando dominó ya tenía a Julián encima para marcarle el quinto).
El equipo lo imitó: nunca soltó el pie del acelerador y transformó lo parejo que había sido la ida en Lima en una paliza más grande que el Monumental. La actitud quedó casi demostrada en Enzo Fernández: se “enojó” tras errar un par de mano a mano, a pesar del 8-0. Fiel a su estilo, River no se conformó con tener que ganar por dos goles para quedar como el segundo mejor primero para superar a Flamengo y quedar por detrás de Palmeiras: fue arrollador y cerró esta parte del año de la mejor manera posible.






























































