Hay problemáticas que parecen ser tierra de nadie, y esto es lo que puntualmente sucede con el pésimo estado de varios caminos que nos conducen al interior departamental. La ruta provincial 29, que une la ciudad de Chepes, con el sur de nuestro departamento, es una de las que mayores inconvenientes tiene en este sentido.

A la gran cantidad de serruchos, mas los numerosos bancos de arena que constituyen un verdadero peligro para muchos vecinos y docentes que día a día deben trasladarse para llegar a sus comunidades o escuelas, se le ha sumado ahora también la presencia de muchísimos palos, de diferentes tamaños, algunos de leña y otros de poleo, que quedan esparcidos ya que los camiones que los transportan no cuentan con las carpas que son obligatorias por ordenanza municipal.

Estos residuos provocan que ya en reiteradas ocasiones muchos de los rodados pinchen sus neumáticos, en el mejor de los casos, o bien los destruyan completamente, generando un verdadero peligro para quienes transitan en motos, autos o camionetas.

Nadie hace absolutamente nada, nos rige la ley de la selva, donde prevalece aquel que hace las cosas a su manera y no dentro de las reglas establecidas en cualquier comunidad organizada. No llueve, las rutas destruidas y hasta hay que agregarle la desertificación que se está registrando sin que nadie levante la voz para evitarlo.