El país cerró sus fronteras en marzo de 2020 para contener la pandemia. Desde entonces, los australianos han estado generalmente impedidos de salir y solo un pequeño grupo de visitantes recibió permiso de ingreso.
Las reglas dividieron familias, golpearon a la industria turística y provocaron debates sobre la condición de Australia como una nación moderna y abierta.
Las restricciones se fueron relajando poco a poco para los australianos, residentes permanentes y estudiantes. Así, la decisión de admitir turistas implica casi una apertura total.
La nueva política se adoptó luego de que el país abandonó su política de cero Covid-19, y que su sistema de trazado de contagios colapsó con la propagación de casos de la variante ómicron.




























































