Para ello Raúl Semmler utilizó una mezcla de arena y pegamento industrial y pegó su mano al asfalto de la calle Binger.
El grupo ambiental estaba exigiendo que se imponga un límite de velocidad de 100 kilómetros por hora en las autopistas y una multa permanente de 9 euros para ahorrar CO2 y proteger así el clima.
Semmler estaba acompañado por otros activistas que también se pegaron al pavimento, sin embargo, los demás no utilizaron la misma mezcla que él. Cuatro activistas utilizaron únicamente pegamento, mientras otros dos decidieron solo sentarse a lado de los demás pero no pegarse, para que en caso de emergencia no se bloqueara un carril de la calle.
Para liberar a Semmler, miembros de la policía y defensa civil tuvieron que cortar el asfalto alrededor de la mano utilizando un martillo neumático. Después de una hora y media de trabajo, el activista fue liberado y detenido por infracciones a la Ley de Reunión y daños a la propiedad.
No es la primera vez que miembros de “La última generación” se pegan en espacios públicos. La semana pasada varios de sus activistas se pegaron a la pista de los aeropuertos de Berlín y Múnich. Mientras unos se pegaban al asfalto de la pista otros andaban en bicicleta en la zona de maniobras de los aviones lo que obligó a paralizar el tráfico aéreo.
Según informó la agrupación, Semmler se encuentra en perfecto estado de salud y sus activistas volverán a salir en breve a las calles para seguir adelante con sus protestas.
No es la primera vez que el activista realiza una acción similar. En julio ya se había pegado al pavimento y mostró sus heridas en la cuenta de Twitter de la organización.
“La última generación” también es conocida internacionalmente por sus protestas en museos. Sus activistas se pegaron a cuadros famosos como la “Primavera” de Sandro Botticelli en Florencia, un auto retrato de Vincent Van Gogh, entre muchas otras.
Después del evento en Maguncia, la vocera de la organización, Aimée van Baalen envió un mensaje a través de las redes sociales: “En un mundo en llamas, la neutralidad ya no existe. Ya no podemos permanecer en silencio mientras unos pocos imperios derriban el mundo y devastan nuestro sustento común a expensas de todas las personas. Siempre estamos dispuestos a mantener conversaciones constructivas, como hicimos ayer con el Ministro del Interior de Baviera. Pero lo que necesitamos frente al infierno climático que se avecina son acciones y no solo palabras vacías”.






























































