La escena, que quedará grabada en la memoria de los presentes, demostró que para la fe no existen obstáculos físicos. Mientras la caravana que trasladaba la imagen de San Nicolás de Bari circulaba frente al establecimiento escolar, un nutrido grupo de adolescentes —que se encontraban disfrutando de su recreo— advirtió la presencia del Santo Patrono.
Lo que siguió fue una muestra de fervor espontáneo: los estudiantes emprendieron una veloz carrera hacia el perímetro del colegio para saludar la imagen. Al notar el entusiasmo de los jóvenes, Monseñor Braida solicitó detener el vehículo y, en un gesto de cercanía pastoral, se acercó hasta el alambrado perimetral.
Allí, separados apenas por la malla metálica pero unidos por la devoción, se produjo el instante de mayor carga espiritual. El Obispo y los alumnos entrelazaron sus manos a través del alambre, compartiendo un momento de oración y silencio. “El alambrado no fue un obstáculo, sino el punto de encuentro para que la bendición descendiera sobre ellos”, relataron testigos del emotivo suceso.
Este encuentro cara a cara entre la máxima autoridad de la Iglesia riojana y la juventud estudiantil se ha convertido en el símbolo de una visita que busca llevar esperanza y cercanía a cada rincón de la comunidad, reafirmando que la gracia de Dios no reconoce fronteras ni barreras materiales.



























































