Uno de sus hábitos más curiosos es no lavarse el rostro por la mañana, una recomendación directa de su abuela: “Por la noche, tu piel produce todo el sebo que necesita para lucir joven y se regenera sola”, explicó en una entrevista con GQ. En su rutina nocturna, utiliza aceite de coco para retirar impurezas y agua de rosas para calmar la piel. “Puedes usar una toalla caliente con agua de rosas… Este pequeño detalle hace que las propiedades antioxidantes y calmantes penetren en profundidad”, reveló.
La exfoliación también forma parte de sus cuidados, pero siempre de forma natural: avena, miel y leche de almendras son algunos de sus favoritos. “Lo dejas en remojo, y es un excelente limpiador que suaviza tu piel”, detalló a The New York Times.
En los días donde su piel se ve afectada por el cansancio o los viajes, recurre a mascarillas que aprendió a hacer desde chica con sobras del desayuno. “Cogía todas las sobras -papaya, yogurt, miel, nueces- y las mezclaba, para luego ponérselas en la cara”, recordó en The Hollywood Reporter. Este “batido” casero sigue siendo una solución efectiva para calmar la inflamación: “Puedes sentir la suavidad, la textura y cómo se estira la piel”, dijo.
Minimalismo, ingredientes naturales y sabiduría ancestral son los pilares de su rutina, un enfoque que a sus 57 años sigue dando frutos visibles.





























































