Dan Huot, portavoz de SpaceX, declaró que no se cumplieron las condiciones necesarias para realizar la captura, lo que llevó al director de vuelo a descartar el regreso controlado a la plataforma. Huot no precisó cuáles fueron los inconvenientes técnicos.
Por otro lado, la nave no tripulada que iba a bordo del Starship completó un vuelo que rozó la órbita terrestre, realizando un recorrido similar al de la prueba de octubre. Después de una vuelta parcial alrededor del planeta, la nave concluyó su misión con un descenso controlado al Océano Índico, poniendo fin a una demostración que duró aproximadamente una hora.
Esta prueba representa un paso más en el desarrollo del cohete más grande y potente del mundo, que tanto SpaceX como la NASA planean utilizar para futuras misiones lunares y eventualmente viajes a Marte. Aunque la trayectoria del vuelo fue similar a pruebas previas, SpaceX ajustó varios aspectos técnicos y eligió realizar el lanzamiento al atardecer para garantizar una mejor visibilidad global del descenso.
Entre las novedades, la compañía encendió uno de los motores en el espacio, simulando lo que sería un regreso desde la órbita, y experimentó con el sistema de protección térmica de la nave al remover algunas tejas en puntos específicos para pruebas futuras. El próximo vuelo de prueba incluirá aún más modificaciones y objetivos técnicos.
Donald Trump viajó especialmente a Texas para presenciar el lanzamiento, un gesto que refuerza su cercana relación con Elon Musk, fundador y director ejecutivo de SpaceX.




























































