Los vecinos llamaron de inmediato al 911 para dar aviso a la Policía que, al llegar al lugar, confirmó el deceso de la víctima.
Se supo que tanto el agresor como la víctima tenían un vínculo entre ambos: trabajaban en el Servicio Penitenciario Bonaerense.
Asimismo, la mujer declaró que había recibido mensajes amenazantes por WhatsApp de parte de Altamirano, donde afirmaba que la mataría y se suicidaría.
A las horas de haberse consumado el asesinato, efectivos policiales comenzaron con la búsqueda del agresor, y finalmente hallaron su auto en una calle interna con él adentro, y con un tiro en la cabeza.




























































