“Ya no podemos seguir usando palabras elegantes”, sentenciaba un editorial en el peri??dico londinense City Pres: “??Aqu?? apesta!”
La pestilencia a la que se refer??an era en parte metaf??rica: los pol??ticos no hab??an resuelto un problema obvio.
Con el crecimiento de la poblaci??n de Londres, los sistemas para deshacersede los desechos humanos pasaron a ser completamente inadecuados.
Para reducir la presi??n sobre los pozos s??pticos, que tend??an a desbordarse y a provocar erupciones de metano, las autoridades comenzaron a canalizar estos desechos por los sumideros.
Sin embargo, esto creo un problema diferente. Los sumideros hab??an sido concebidos para canalizar el agua de la lluvia y terminaban directamente en el Rio T??mesis.
Y esa era literalmente la pestilencia: el T??mesis se convirti?? en una alcantarilla a cielo abierto.
El eminente cient??fico Michael Faraday se sinti?? movido a escribir un art??culo en el diario The Times, luego de un recorrido en bote por el rio.
Faraday describi?? las aguas del r??o como “un fluido opaco, marr??n. Cerca de los puentes, las aguas sedimentadas forman nubes tan densas que son visibles desde la superficie”.
El olor era “muy fuerte??? tanto como el que ahora sale de los sumideros en las calles”, se??al??.
La incidencia de c??lera era muy alta. Un brote mat?? unas 14.000 personas, casi una en cien personas.
Plan revolucionario
El ingeniero civil Joseph Bazalguette elabor?? un plan para construir un sistema de alcantarillado que llevara las aguas negras bien lejos de la ciudad.
ILBUSCA GETTY IMAGESLos pol??ticos estaban bajo intensa presi??n para aprobar este proyecto.
Faraday termin?? su carta rog??ndole a “quienes ejercen el poder, a ser responsables” y a “dejar la negligencia” con la que estaban tratando el problema.
Y advirti?? que “una ola de calor puede darnos una prueba real de la estupidez que representa nuestro total descuido”.
Y fue eso precisamente lo que pas?? tres a??os despu??s. El intenso calor en el verano de 1858 llev?? a que fuera completamente imposible ignorar el maloliente rio T??mesis.
La ola de calor se conoci?? popularmente como “La Gran Pestilencia”.
Para quien vive en una ciudad con sistemas de sanidad modernos, es dif??cil imaginar vivir con la sofocante hediondez de los excrementos humanos.
Y hay varias personas a las que agradecemos los logros en ese sentido, pero ning??n otro merece m??s ese m??rito queAlexander Cumming.
Cumming era un relojero de Londres que vivi?? un siglo antes de “La Gran Pestilencia”, y que alcanz?? reconocimiento por su destreza mec??nica.
El rey George III le encarg?? la construcci??n de un complicado instrumento para registrar la presi??n atmosf??rica y cre?? tambi??n el micr??tomo, un dispositivo para cortar rodajas s??per finas de madera para el an??lisis microsc??pico.
GETTY IMAGESCuando Joseph Bazalguette finalmente consigui?? los recursos para construir el alcantarillado de Londres, tom?? diez a??os completarlo e implic?? escavar 2,5 millones de metros c??bicos de tierra.
Pero el revolucionario invento de Cumming no ten??a que ver nada con precisi??n de ingenier??a. Era apenas una tuber??a curvada.
En 1775, Cumming patent?? el S-bend -llamado as?? por su forma de S- o sif??n.Este constituy?? la pieza clave para crear el inodoro y con ello surgi?? la sanidad p??blica tal y como hoy la conocemos.
Pestilencia
Los inodoros hab??an fracasado hasta entonces por el problema del olor: la tuber??a que los conectaba a la alcantarilla, y que permit??a que la orina y las heces fecales se descargaran, tambi??n serv??a de conducto para que el mal olor fluyera en la otra direcci??n a menos que hubiera alg??n tipo de barrera herm??tica.
La soluci??n de Cumming era simple: doblar la tuber??a. El agua reposa en la parte honda impidiendo que el mal olor suba. Descargar el inodoro recicla el agua.
Mientras que hoy hemos pasado del S-bend al U-bend, los inodoros todav??a siguen la misma l??gica.
La proliferaci??n de esto vino muy lentamente. En 1851, los inodoros de descarga eran todav??a una novedad, tanto que generaron un inter??s masivo en la Gran Exhibici??n de Londres donde por primera vez se expusieron productos manufacturados de todo el mundo.
El uso de esos inodoros costaba un penique, y de ah?? surgi?? una de los eufemismos que m??s han persistido en la lengua inglesa para referirse al acto de vaciar la vejiga humana: hasta hoy, si vas a “spend a penny“, literalmente gastar un penique, significa que vas a orinar.
Cientos de miles de personas hicieron fila para tener la oportunidad de vaciarsus vejigas, mientras se maravillaban con los milagros de la plomer??a moderna.
La Gran Exhibici??n no s??lo le dio a los londinenses una visi??n de c??mo deb??a ser la sanidad p??blica -limpia y libre de malos olores- sino que tambi??n contribuy?? a crear una ola de descontento popularpues los pol??ticos brit??nicos le segu??an dando largas al proyecto para construir el plan de alcantarillado que propon??a Joseph Bazalguette.
Sigue siendo un problema grave
A??n no hemos encontrado la manera de resolver el problema de la falta de acci??n colectiva, c??mo hacer que quienes ejercen el poder asuman sus responsabilidades al respecto.
Ha habido mucho progreso. Seg??n la Organizaci??n Mundial de la Salud, la proporci??n de la poblaci??n mundial que tiene acceso a lo que se llama “mejor??a sanitaria” ha aumentado desde un cuarto en 1980 hasta dos terceras partes.
AFPPero todav??a 2.500 millones de personas no tienen acceso a esta “mejor??a sanitaria”, que es de por s?? un umbral muy bajo.
Esta mejor??a sanitaria “separa los excrementos del contacto humano”, pero no implica tratar las aguas negras como tal. Menos de la mitad de la poblaci??n mundial tiene acceso a sistemas que hacen eso.
Las consecuencias econ??micas no implementar sistemas de sanidad p??blica efectivos son muchas.
El inodoro volador
La Iniciativa Econ??mica para la Sanidad del Banco Mundial ha tratado de evaluar el impacto en varios pa??ses africanos.
Por ejemplo,se estima que una sanidad inadecuada resulta en dos puntos menos en el crecimiento del PIB anual de esos pa??ses. En India y Bangladesh es un 6% y en Camboya un 7%. Eso tiene un efecto acumulado.
El problema es que acceso a sanidad p??blica no es algo que la econom??a de mercado va a proveer. Construir un inodoro cuesta dinero, mientras que defecar al aire libre es gratis.
Si yo instalo un inodoro, cargo con el costo, y los beneficios de calles limpias se extienden a todos.
En el lenguaje econ??mico, a eso se le llama una externalidad positiva -cuando una persona o empresa no recibe todos los beneficios de sus actividades, y otros se benefician sin pagar- y los bienes que tienen externalidades positivas tienden a ser adquiridos a un paso m??s lento de lo que la sociedad en general preferir??a.
El ejemplo m??s claro es lo que se llama como el sistema “del inodoro volador” de Kibera, un famoso barrio de Nairobi, la capital de Kenia.
El “inodoro volador” funciona as??: t?? defecas en una bolsa pl??stica y luego, en la madrugada, lanzas la bolsa y la mandas lo m??s lejos que se pueda.
Reemplazar el “inodoro volador” con uno real trae beneficios para su propietario, pero puedes estar seguro de que sus vecinos lo apreciar??an tambi??n.
Lo contrario sucede con el tel??fono m??vil. ??ste tambi??n cuesta dinero, pero los beneficios los recibo yo. Esa es una raz??n por la cual el sif??n o S-bend ha existido por 10 veces m??s a??os que el tel??fono m??vil, pero muchas m??s personas tienen un celular que un inodoro.
Si quieres adquirir un inodoro, tambi??n ayuda si hay un sistema de alcantarillado al que puedas conectarlo, pero construir uno es una obra de gran magnitud, log??stica y financieramente.
GETTY IMAGESDebido al “problema de la externalidad”, un proyecto como ??ste no atrae a inversionistas privados.
Tiende a requerir de voluntad pol??tica, del buen deseo de los contribuyentes, y de gobiernos municipales eficientes. Y eso no abunda.
India, por ejemplo, tiene 5.161 pueblos y ciudades, seg??n su ??ltimo censo. ??Cu??ntos han logrado construir incluso una red parcial de alcantarillado? Menos de un 6%.
Los parlamentarios brit??nicos de entonces tambi??n prevaricaron, pero finalmente, cuando actuaron, no vacilaron. ??C??mo se explica esto?
Quiz??s se trata de un capricho de la geograf??a: el parlamento brit??nico est?? ubicado a las orillas del r??o T??mesis.
Los funcionarios trataron de escudar a los parlamentarios de la Gran Pestilencia, empapando las cortinas del edificio con una soluci??n de cloruro de cal a fin de contrarrestar la hediondez.
Pero fue in??til. No importa cu??nto trataron, los pol??ticos no pudieron ignorarlo. El diario The Times cont??, con gran satisfacci??n, que los miembros del Parlamento fueron vistos abandonando las instalaciones, “cada uno con un pa??uelo en la nariz”.
??Ojal?? siempre fuera tan f??cil obligar a los pol??ticos a enfocarse en un problema!

Este art??culo es una adaptaci??n de la serie de la BBC “50 cosas que hicieron la econom??a moderna”. Abajo encontrar??s otros episodios de la serie.





























































