La recta final de la campaña electoral quedó enrarecida por una fuerte polémica alimentada por fake news y fallos judiciales cruzados que impactan en el estratégico voto religioso e involucra nada menos que a la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil.
A cuatro días de las elecciones presidenciales de este domingo, una “broma” de un humorista brasileño que se viralizó en redes y sitios vinculados con el oficialismo provocó un terremoto político y obligó a un posicionamiento de la justicia y hasta de la Conferencia Episcopal.
El chiste fue hecho por el comediante Antonio Tabet: “La familia miliciana (en alusión a los paramilitares) odia tanto a las mujeres negras que ataca a la Virgen de Aparecida”, cuyo característico rostro mestizo la ha convertido a lo largo de los años en el mayor símbolo de los sectores marginados y de la población afrodescendiente del país.
El comentario fue asociado enseguida con Flávio Bolsonaro (derecha dura), el principal rival del presidente Luiz Lula da Silva (izquierda) y desató lo que la influyente revista Veja calificó como “una guerra de guerrillas” a pocos días de los comicios.
El voto religioso, con un crecimiento exponencial de las iglesias evangélicas más cercanas al bolsonarismo, está muy enraizado en la política brasileña.
“En el caso de esta elección, el lenguaje religioso otra vez domina el debate y el lenguaje político. Aquí no estamos hablando solo de la disputa por el voto religioso. La forma del debate político pasó a ser hecha a partir del lenguaje religioso. Eso es lo que vemos en esta disputa”, dijo a TN el antropólogo social Rodrigo Toniol, profesor del Departamento de Antropología Cultural de la Universidad Federal de Río de Janeiro y miembro de la Academia Brasileña de Ciencias.
Por qué la Virgen de Aparecida irrumpió en la campaña
El chiste de Tabet se convirtió en una bola de nieve que arrasó con todo lo que se topó en frente.
Desde sitios afines a la izquierda sirvió de excusa para agitar el fantasma de un falso respaldo bolsonarista a un proyecto para que la Virgen de Aparecida deje de ser la patrona de Brasil. El candidato e hijo de Jair Bolsonaro se vio obligado a desmentir la versión.
Lo que sucedió después escapó de las manos de ambas campañas.
Flávio Bolsonaro, un ferviente evangélico, culpó a la Conferencia Episcopal de incentivar la versión. La respuesta fue contundente: “La mentira no se combate con otra mentira”.
Pero ese fue solo el comienzo. Un juez del Tribunal Superior, a pedido de Bolsonaro, ordenó eliminar el posteo de Tabet de las redes sociales. Pero uno de sus colegas anuló el fallo. El colmo llegó cuando un tercer magistrado dictaminó que se debía volver a retirarlo.
Lejos de aplacar los ánimos, Lula alimentó aún más la confusión: “Mientras yo sea presidente de la República, nadie deshonrará a nuestra señora de Aparecida. Nadie. La gente debe aprender a respetar todas las religiones, incluidas las de origen africano”, afirmó en un acto de campaña en el Amazonas.
Brasil es un complejo entramado de sincretismo religioso donde se conjugan numerosas creencias, incluso las de origen africano, como la yorubá.
La disputa por el voto católico
En juego no está el voto evangélico, fiel al bolsonarismo. Lo que ambos candidatos disputan hoy es el voto católico, más cercano a la izquierda en este país.
“En esta elección es el voto católico lo que más llama la atención. Esta diferencia tiene que ver con el hecho de que el voto evangélico está bastante cristalizado en la intención de voto de Flávio Bolsonaro y Lula está haciendo un movimiento para conseguir un poco más de votos en la población católica”, dijo Toniol.
La recta final muestra un final cabeza a cabeza entre los dos principales postulantes. Según el último sondeo de Quaest, Lula aventaja 39% a 34% a Bolsonaro, pero ambos llegan empatados en 42% en un eventual balotaje convocado para el 25 de octubre.
Para ser electo en primera vuelta se necesita el 50% más uno de los votos.
En ese escenario de extrema paridad, todo voto cuenta. Lula sabe que el voto católico, así como el de las mujeres, puede marcar la diferencia a su favor.
“Esta es una estrategia que puede funcionar porque es una elección muy apretada. El candidato no necesita un 10% de diferencia para ganar la elección. Nadie va a ganar con un 10% de margen. Va a ganar con uno o dos por ciento”, señaló el analista.
Según afirmó, “la ampliación de la ventaja de Lula entre los católicos de un uno o dos por ciento, por ejemplo, es más fácil y menos costosa que su intención de obtener el voto evangélico, que sería mucho más complicado”.


























































