En apariencia las  bibliotecas de Argentina, no en su totalidad, se  han  transformado en establecimientos que únicamente guardan  y custodian libros antiguos, y que si no fuere por el ingenio del personal que allí trabaja, que busca la manera  de actualizarlos, requiriendo en la mayoría de los casos libros prestados para luego fotocopiarlos, y es la única forma de poder cumplir con las demandas de los pocos  lectores que aún quedan. En otras se debe llevar los libros de su propiedad y así salir del paso, y no tener  que responder reiteradamente que no poseen tal o cual textos. Se trata también de suplir lo que las bibliotecas escolares no poseen y a pesar que las  mismas son beneficiadas con importantes aportes bibliográficos, como por ejemplo “Plan Social Educativo” que envían textos de estudios de reciente impresión y modernos. En los casos de las municipales, no ocurre lo mismo. Sólo reciben donaciones de algún particular que de alguna manera procura contribuir con la biblioteca.
El conocimiento del hombre está en permanente modificación, entonces, resulta imprescindible la actualización de textos que se han quedado en el tiempo. Las modernas, en su mayoría, ya están informatizadas, poseen distintos elementos técnicos para que el lector encuentre y satisfaga su estudio e investigación.

Tres en  una
Realizando un repaso por la historia de este espacio de encuentro, debate y reflexión en torno del libro, un  30 de septiembre de 1.928, las entidades gremiales “La Fraternidad” y la “Unión Ferroviaria” decidieron crear una Biblioteca Popular bajo la denominación “Confraternidad Ferroviaria”, delineado los objetivos y los estatutos recién se pone al servicio público el 1 de enero de 1929. llegando a acumular con el tiempo más de 1.500 libros. Pero “desapareció” el grueso de la familia ferroviaria, y los libros se fueron dañando, y en algunos otros, extraviando. Pocos se pudieron rescatar y hoy ese caudal de libros están  en resguardo de la la Biblioteca Municipal. En 1979, Hugo L.  Miranda, por ese entonces intendente (de facto) resuelve crear oficialmente una biblioteca que tuviese el carácter pública, junto  a la Comisión de Cultura, presidida por Nelly Mercado de Luna se pone en la tarea de hacer las gestiones para anexar la de los “ferroviarios”, junto a los aportes que gestionó a nivel provincial, y como poseía una vitrina con algunos pocos libros y que no cumplían el rol de ser útiles. Y que revitalizaría  el intento de formación de una Biblioteca que comenzó allá por el 66, cuando Miranda, también fue mandatario comunal.
En consecuencia, en éste, 79 se trabajó  para acondicionar un local (el viejo edificio donde funcionó por primera vez la Municipalidad) ubicada en la avenida 9 de Julio, y un 28 de mayo se la deja, oficialmente, inaugurada y abierta al público con funciones específicas como las de organizar, coleccionar e incorporar a su fondo bibliográfico mayoritariamente libros que arribaron por donaciones.

Tras 40 años desde su creación oficial se sigue pensando que la Biblioteca Pública es un espacio  necesario para trabajar en la promoción de la lectura y la visibilizas ión del arte literario. Los tiempos trascurren  y la biblioteca comienza a deambular por distintos lugares, pero sin cerrar sus puertas. Hasta que se llegó a remodelar el edificio donde en algún tiempo estuvo la primera sala de primeros auxilios, donde también supieron estar las oficinas municipales. Este sería el sitio definitivo, los traslados de un lado para el otro llevó a que se extraviaran muchos libros .
En el ‘85, durante el mandato de Luis Ángel Oviedo,  gestiones mediantes se concreta que la Fundación ENTEL hiciera un aporte de gran importancia, donó más de un millar de libros actualizados.
El fondo bibliográfico de la Biblioteca Popular “Confraternidad Ferroviaria”, Fundación ENTEL y Pública Municipal, conforman una sola, la “Dardo de la Vega Díaz” en homenaje a aquel consagrado hombre público, académico, historiador y escritor riojano. La Biblioteca Pública  Municipal es parte de la historia de  Chepes, y allí se conservan los primeros libros de la formación del  Municipio y que tienen un valor singular; en la conmemoración de éste  Cuadragésimo Aniversario hay que tener presente el objetivo de los visionarios, que a pesar de las de dificultades entendieron la importancia  de la lectura y la difusión de la cultura, al cual hay que sumarle la tecnología para afrontar el devenir de los tiempos.

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