La música regional tiene memoria y pulso, y durante medio siglo ha llevado la firma inconfundible de Pepe Pereyra. Creador y pionero de ritmo autóctono que nació en el corazón del departamento Rosario Vera Peñaloza y reflejó en los escenarios de toda la provincia y el país, Pepe ha dedicado cinco décadas a llevar bien alto la bandera cultural de Chepes. Sin embargo, en la décima edición del Festival del Carrero, la ceremonia que debía coronar su prolífica historia se transformó en una amarga muestra de falta de respeto e improvisación por parte de las autoridades municipales y organización del evento.
La convocatoria prometía un hito justo e impostergable. La municipalidad había anunciado la entrega del prestigioso reconocimiento Mariano Moreno, una distinción concebida para honrar a los creadores que rompen las fronteras locales y hacen resonar el nombre de Chepes en cualquier rincón de la provincia y la nación. Pepe acudió con la puntualidad y el profesionalismo que caracterizan a los grandes de verdad: a las 21:30 horas ya se encontraba en el predio, listo para abrazar a su gente, compartir su arte y recibir el tributo por sus 50 años de trayectoria musical.
Lo que siguió no fue la fiesta de la cultura, sino la cronología del ninguneo. Casi tres horas de espera ininterrumpida, transcurridas en la trastienda mientras el tiempo corría implacable desde las 21:00 hasta rozar la medianoche. Minuto a minuto, la desorganización y la falta de consideración de los responsables del evento consumieron las horas de un músico que, lejos de estar a disposición de los desvíos de la agenda oficial, tenía asumido un compromiso laboral previo para tocar con su banda en la localidad de Quines, provincia de San Luis.
A las 24:00 horas, con la dignidad intacta pero acorralado por la urgencia, Pepe Pereyra tuvo que tomar la amarga decisión de retirarse del lugar sin subir al escenario ni recibir el reconocimiento que le pertenecía por derecho propio. La indiferencia municipal no solo lo privó del aplauso de su pueblo, sino que le generó un perjuicio económico directo: al llegar a Quines con una hora de demora causada únicamente por el plante en el Festival del Carrero, sufrió el descuento de parte de su pago por la llegada tardía al show.
Resulta una dolorosa paradoja que la misma gestión municipal que pretendía premiarlo por proyectar el nombre de Chepes fuera del departamento, terminó perjudicando de manera concreta su trabajo fuera de la provincia.
Un artista que es patrimonio vivo y hacedor de la identidad musical de toda una región no merece el trato de la postergación. El respeto a la cultura y a la trayectoria no se pregona en un micrófono; se demuestra con puntualidad, gestión y valoración humana. Chepes conoce el valor de sus artistas, y lo sucedido en esta edición del Festival del Carrero deja al descubierto una gran falta de respeto institucional hacia quien no ha hecho más que honrar las raíces de su tierra durante toda una vida.

























































