Según se desprende de las capturas de pantalla presentadas como evidencia ante la justicia, el agresor sometió a la víctima a insistentes llamadas, insultos degradantes y constantes exigencias de geolocalización. En los chats se observan mensajes agresivos e imperativos como «Dónde estás hija de mil puta», «Haceme ver ya», «Dónde pija estás hdp» y «Mostrame», mediante los cuales pretendía controlar de forma coercitiva los movimientos y el paradero de la mujer.
A pesar de los reiterados pedidos de la víctima para que detuviera las agresiones y le permitiera descansar («Dejate de joder», «Dejame dormir»), el sujeto continuó con los agravios y las intimidaciones, incluyendo expresiones altamente violentas y vulgares. Además, en uno de los intercambios se evidencia el antecedente de violencia física previo, cuando la mujer le recrimina: «Yo no voy a ir para que me pegues como siempre».
Las evidencias fotográficas y el registro de llamadas perdidas puestas a disposición de las autoridades judiciales dan cuenta del estado de vulnerabilidad y acoso constante al que estuvo expuesta la víctima, quien solicita medidas de protección e intervención urgente para frenar los ataques y garantizar su integridad física y psicológica.



























































