Pero el jueves en la noche, Bolsonaro dijo en su programa semanal de Facebook que, si se cancelaba su veto, los promotores de la ley tendrían que “arreglárselas” para encontrar los fondos para la distribución gratuita de las toallas sanitarias.
El mandatario ultraderechista sostiene que el texto no prevé una fuente de financiación y que, en caso de ser aprobado, el Ejecutivo se vería obligado a “retirar fondos del presupuesto de salud o educación”.
“No voy a crear ni a aumentar impuestos para financiar esto”, sostuvo.
Según la filial brasileña de Girl Up, una ONG fundada por la ONU en 2010, una de cada cuatro adolescentes del país debe ausentarse de la escuela varios días al mes por no poder “tener su periodo con dignidad”.
De acuerdo con un informe de Unicef sobre pobreza menstrual en Brasil, 713.000 niñas jóvenes no tienen baños ni duchas en casa y más de cuatro millones no “tienen acceso a la higiene necesaria en las escuelas”.



























































