Las amenazas se sumaron a una campaña de descrédito, que hostigaba al hombre en redes sociales. Masferrer convocó a los detectives de la Federal, que se pusieron a desentrañar la trama criminal, advirtiendo que no sólo el corredor era blanco de los embates, sino también otras figuras. Todas tenían un común denominador: la característica de ser personas públicas, famosas y con buen poder adquisitivo.
Con el convencimiento de la hipótesis delineada por los federales, el fiscal pidió la detención de los responsables y allanamientos de domicilios, tanto en Nordelta como en Puerto Madero, secuestrando una enorme cantidad de pruebas que incriminan al grupo.
Con la misma suerte corrió el “hacker pampeano”, encargado de desgastar la imagen de las víctimas, mediante la minería de “fake users” y comentarios maliciosos: fue allanado y se le secuestró incuestionable material que lo vincula con la operatoria.
La última de las perlitas es que el líder de la organización resulta ser un hombre que quiso ser corredor de autos, que se presentaba como un “exitoso empresario” y señalaba a su “mano de obra” como “su custodia personal”.






























































