Preocupados por la situación, un grupo de activistas de la población de Ar Vilantsou decidió averiguar qué era lo que estaba sucediendo en esta playa y fue entonces que develaron el misterio: la fuente de tal desgracia que tenía como protagonista al felino fanático de las lasañas era un contenedor que, al caerse de un barco en algún momento de los años ’80, produjo la invasión de estos teléfonos en esta parte de la costa francesa.
Lo que sucede es que, al caer al mar, el contenedor viajó hasta encallar en una pequeña cala – es decir, un tramo de bahía redondeada donde penetra el mar – prácticamente inaccesible para los seres humanos, a excepción de algunos expertos, siempre y cuando la marea esté baja. El contenedor en cuestión lleva encallado alrededor de 40 años, lo cual ha generado, desde entonces, una plaga de los aparatos que tenía en sus adentros.
Lamentablemente, los teléfonos de Garfield están hechos de un material que no será capaz de descomponerse jamás y, de esta manera, seguirán contaminando las aguas francesas, aunque muchos especialistas han estado realizando una ardua tarea para recuperarlos y así limpiar las aguas. Sin lugar a dudas, esto habla de cómo se encuentran los océanos del planeta y significa un verdadero llamado de atención para todos.




























































