Según ese medio, contenidos como esos requerían permisos especiales sobre la base de que exista la necesidad de conocerlos, en lugar de una autorización genérica con la etiqueta de ultrasecreto.
El Departamento de Justicia sostiene que esos documentos ultrasecretos “probablemente se ocultaron” para obstruir una investigación del FBI sobre el posible mal manejo de materiales clasificados por parte del ex presidente Trump.
Cuando los agentes registraron la mansión de Mar-a-Lago, encontraron material tan delicado que “incluso el personal de contraespionaje del FBI y los abogados del Departamento de Justicia que realizaban la revisión requirieron autorizaciones adicionales antes de que se les permitiera revisar ciertos documentos”, señala un expediente judicial del gobierno.
El allanamiento del FBI en agosto se produjo después de una revisión de registros “altamente clasificados” que Trump finalmente entregó a las autoridades en enero, tras varios meses de idas y vueltas con la Administración Nacional de Archivos y Registros.
Se descubrió que las 15 cajas requisadas de la casa del ex presidente contenían 184 documentos marcados como confidenciales, secretos o ultrasecretos.
Después de recibir indicaciones del FBI, el abogado de Trump entregó 38 documentos clasificados adicionales y proporcionó una declaración jurada de que ellos representaban lo último del material.
Sin embargo, el FBI descubrió “múltiples fuentes de evidencia” que muestran que los documentos clasificados permanecieron en Mar-a-Lago.






























































