Durante el juicio, el Ministerio Público estuvo representado por la fiscal Cecilia Flores Toranzos, mientras que la actoría civil y la querella estuvieron a cargo de Álvaro Arias Camacho, y la defensa fue de Adrián Reyes.
El imputado fue denunciado por la víctima en 2018, cuando ya era su esposo y padre de sus tres hijos. La damnificada relató que cuando ella tenía diez años, el ahora condenado era la pareja de su mamá y que, en esa época, se mudaron a Salta, desde Mar del Plata.
Ella era la mayor de cuatro hermanos y el imputado comenzó a abusarla cuando tenía 12 años, en una oportunidad en que su madre viajó a Mar del Plata. La damnificada relató que, en la ocasión, el hombre mandó a sus hermanos a la casa de unos amigos, por lo que ambos quedaron solos.
Una noche, él le ofreció un vaso de gaseosa y ella, después de beberlo, observó que en el fondo había restos de una pastilla, tras lo que se sintió mareada y sin fuerzas, momento que aprovechó su padrastro para comenzar a tocarla y accederla carnalmente. Durante varios días consecutivos, él le dio pastillas en la comida y en la bebida, y los abusos continuaron hasta que regresó su madre.
Además, la denunciante aseguró que, cuando le dijo al hombre que iba a contarle a su mamá lo sucedido, él la amenazó. Por un tiempo, cesaron los abusos, que retomaron cuando la víctima cumplió los 13 años, mientras que a sus 15 años, su madre decidió separarse y regresar con ella y sus hermanos a Mar del Plata.
En ese momento, la adolescente supo que estaba embarazada y su padrastro le dijo que si se iba, “iba a dejar una criatura sin padre”, como su madre lo había hecho con ella.
La denunciante contó que el acusado le mintió a su mamá diciéndole que el bebé era de un gendarme con quien ella había salido, y la convenció para que no viajara y se quedara en la casa de su abuela paterna, donde estuvo un tiempo y luego la llevó a vivir con él, a una casa alquilada.
En 2011 nació su primera hija y el imputado le decía que tenía que agradecer porque gracias a él tenía comida y un techo, por lo que debía servirlo y ayudarlo en todo.
Mientras ella fue menor de edad, el acusado les decía a los vecinos que era su hijastra y recién cuando cumplió los 18 años, él blanqueó la relación que tenían y, en 2013, se casaron -aún cuando ella no quería- cuando ella estaba embarazada de su segunda hija.
En 2015, la muchacha, que hoy tiene 27 años, quedó embarazada de su tercer hijo, y de inmediato comenzaron los problemas de violencia. Él la agredía y la insultaba porque no quería tener relaciones, y cuando nació su tercer hijo decidió denunciarlo.
En 2018 le llegó al acusado la notificación de exclusión de hogar, momento a partir del cual los profesionales del juzgado detectaron los indicios de abusos y la damnificada amplió la denuncia.




























































