Frente a los hechos consumados, mucho menospreciar la vida y obra de la Maestra de la Patria como lo fue Rosario Vera Peñaloza, pero hay acciones en el pueblo de Chepes que cambiaron la vida social y cultural y que aparentemente son desconocidos. Hubo personas que por sus acciones, de un punto de vista particular, fueron artífices del progreso en el campo educativo, y que nunca han obtenido el reconocimiento que merecen por ello en el Día de los Jardines de Infantes se debería haber reivindicado las figuras de las primeras maestras jardineras, y pioneras en el ámbito de la enseñanza inicial. En el presente año se cumplirán 61 años de los comienzos del primer jardín de Infantes de Chepes, y ahora que hay un Instituto de Formación específico y que sirve para que tengan cabida un importante número de pequeños, y sea, también, una salida laboral para sus estudiantes. Lo repetitivo de nombres a determinados lugares educativos y públicos hace recordar que hay un pueblo de la provincia donde casi la totalidad de sus calles y edificios llevan un solo apellido.

Debería haberse profundizado la imaginación o la investigación sobre quienes fueron pioneras en este campo educacional preescolar y que aparentemente parece que han sido eliminadas de un plumazo de las páginas de la historia. Quizás un hombre de sexta o séptima fila consigue entrar en las páginas de historia, pero que una mujer, salvo que sea de excepcional primera línea, no lo consigue. “Sin la historia de las mujeres estaremos contando y recuperando la crónica de la mitad de la sociedad”. Es imprescindible conocer el pasado.                                

 Una sana regla, que lamentablemente parece haberse ido perdiéndo, establecía que debía pasar un tiempo mínimo, de varios años, los suficientes como para tener cierta perspectiva, antes de dedicar un espacio  público a una persona a quien se considerara merecedora de ese homenaje. Ese impulso termina de manifestarse cuando se decide suprimir algunas figuras de la recordación pública. No es justo, ni razonable, que por simple y circunstancial mayoría, arrogándose la representación de un pueblo en su conjunto, procedan a quitar y poner nombres, que, como muchas veces se hace, constituyen verdaderos modos, reprobables, de descalificar a figuras públicas del pasado remoto o reciente. La complejidad en el proceso de designación de espacios públicos es, en sí misma, pedagógica. Obliga a la sociedad y a sus representantes a identificar sus valores comunes, a localizar aquellas ideas o experiencias en las que todos pueden sentirse reflejados. Induce, en su dificultad, a un ejercicio de consenso. En esta ciudad por iniciativa de las docentes Zulema Rodríguez de Martínez, Clara Paez y Celia Oliva, nace en 1958, el primer Jardín de Infantes. Pero los hechos narran que al iniciarse el ciclo lectivo de aquel momento, varios alumnos quedaron sin asiento en las escuelas del medio y censo mediante se detecta que una importante cantidad de niños se estaban quedando afuera del sistema, sin la posibilidad de ingresar.
El trabajo arrojó un número muy significativo, y se dispone a darle solución al problema. Para ello crea un Jardín de Infantes, denominado “Instituto Especial” que es inaugurado el 8 de septiembre de 1958 con un total de treinta y cinco alumnos. Para facilitar el funcionamiento Martínez, cede un local de la familia ubicado en la avenida San Martín y Castro Barros (hoy funciona allí Banco de la Nación).
Se produce la separación del grupo en dos secciones “A” y “B”, y pone al frente de los pequeños a dos maestras, Clara Marta Páez y Celia Petrona Oliva. La primera directora es la misma señora Zulema, quien hace las gestiones correspondientes ante el Honorable Consejo de Educación, y logra la oficialización un año después. Estas mujeres nunca fueron reconocidas, estimamos que alguna todavía con vida podría haber tenido ese reconocimiento por su lucha en bien de los derechos de los niños. No reconocerlas es ningunearlas y mandarlas al olvido, en muchos de los casos por desconocimiento, por la falta de investigación, y por esa circunstancia histórica es que se hace esta apreciación, y deberían ser consideradas al momento de asignar nombres a determinados lugares. Es sólo un punto de vista ante los hechos consumados, sin desmerecer lo efectuados por otras con otra trascendencia.

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