Reseña de “Aquaman y el Reino Perdido”: una presencia magnífica, pero sobrevalorada sobre el agua

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Si hay algo de lo que definitivamente soy fan es de las películas de superhéroes, pero en los últimos años no encontré ninguna con exceso de CGI, de bromas o de escenas forzadas y “Aquaman y el reino perdido” no podía ser la excepción. Sin embargo, algo que tiene a favor esta nueva cinta de DC es que puede ser excesiva en todos sus aspectos sin sobrepasar la línea de lo pesado, de lo inútil y coreografiado. Por eso, sin dudas, más allá de mis desacuerdos con algunos de los tópicos, estoy definitivamente convencida que es el cierre que el Universo Extendido de DC necesitaba.

No voy a caer en el cliché de comparar un superhéroe con otro a pesar de que sean de la misma franquicia. Pero, después de la fallida producción de “The Flash” (me duele decirlo ya que aún soy fan de los hermanos Muschietti) o de la sobrevalorada “Blue Beetle”, “Aquaman y el reino perdido” pone nuevamente a DC en la más alta estima con el regreso de Jason Momoa interpretando a Arthur Curry después de cinco años, pero con una frescura intachable. Eso sí, para entender por qué me agradó tanto esta historia, hay que dejar de prejuzgar las películas de superhéroes entendiendo una cuestión que no muchas veces se tiene en cuenta: la comedia es parte fundamental del guion que, en este caso, fue creado por David Leslie.

En su libreto, Leslie supo combinar tres aspectos indispensables: la comedia, la acción y el drama familiar. No obstante, este guion también estuvo marcando toda la película con una falla inmensamente notoria: las peleas forzosas y el exceso de bromas quitándole seriedad a muchas de las escenas más impactantes. Pero, aún así, ahí es cuando entra la frescura de Jason Momoa quien se encargó, en todo momento, de levantar la caída abrupta de la historia con un histrionismo que, a veces era innecesario, pero ideal para volver a introducir al espectador en la trama en los momentos en los que la poca fluidez del guion queda en evidencia.

Pero, por supuesto, que un buen Aquaman no es nada sin su hermano Orm y obvio que no hay Orm sin Patrick Wilson. El actor, en su personaje, es un complemento perfecto a esta figura de rey tan desapacible que es el personaje de Momoa. Además, sus idas y vueltas como hermanos están perfectamente introducidas por una química entre los actores que ayuda a que la comedia tenga una presencia magnífica en esta final del Universo Extendido de DC donde, debido a los cambios obligados del guion, su historia y su relación es de las más importantes.

Aún así, Nicole Kidman y Dolph Lundgren, los intérpretes de Nereus y Atlanna, respectivamente, son ese puntapié fundamental para entender por qué la familia de Atlantis es tan importante en una película de superhéroes. Aunque, claro, al mencionar al elenco también está Mera y su intérprete: Amber Heard. Hay que recordar que “Aquaman y el reino perdido” se grabó en el medio del juicio de la actriz y Johnny Depp, por lo que su participación en el film se vio completamente reducida, pero no para bien.

La realidad es que, para el poco tiempo que estuvo en pantalla, su única labor fue mirar a Jason Momoa o a su hijo con unas pocas escenas de lucha bastante insignificantes. Por lo que, sus apariciones, son tan nulas como innecesarias sin darle ninguna emoción o sentimiento al personaje, en especial cuando le tendría que haber tocado participar en momentos icónicos en la trama. Pero, ahí es nuevamente donde Momoa, como protagonista, supo cubrir los huecos junto a su equipo de reparto: Patrick Wilson, Nicole Kidman y Dolph Lundgren.

Aún así, más allá de su elenco, una buena película de superhéroes no es nada sin una buena edición y, para ser una historia debajo del agua, en esta ocasión DC me ayudó a creer en el mundo del Atlantis y su existencia. De hecho, de todas las cintas basadas en cómics, es una de las pocas que no exagera con el CGI ni con ningún aspecto en los efectos especiales. Esto, sin dudas, fue el mejor factor de “Aquaman y el reino perdido” que, en lo que respecta a niveles de producción es, quizás, una de las más difíciles de llevar adelante.

Por lo que, entre lo bueno y lo malo, la secuela de “Aquaman” es una historia agradable, divertida, fácil de seguir y disfrutar. Una película que, por más de que podría haber brillado en todos sus aspectos, se vio tan afectada que terminó siendo una arena complicada para DC, pero que la franquicia consiguió sortearla y llevarla a ser un atractivo para los espectadores. Esta historia, definitivamente, supo convertirse en un gran cierre, pero específicamente gracias a la brillantez actoral de Jason Momoa.

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