“Eso significa reducir las hospitalizaciones. Eso significa poner en marcha más requisitos de pruebas y poner en marcha más protecciones en forma de refuerzos para asegurarse de que la gente tenga un nivel de protección aún mayor”, explicó.
Aunque el éxito inicial de su gobierno en la distribución de vacunas y la promoción del uso del tapabocas impulsó al líder demócrata, que convirtió al país en ejemplo de lucha contra la pandemia tras la criticada gestión de Donald Trump, la aparición de la variante Delta cambió el escenario.
Esta mutación sumamente contagiosa provocó una explosión de casos durante el verano boreal, con los hospitales de algunos estados nuevamente desbordados de enfermos y moribundos.
Además y a pesar de que la administración nacional distribuyó vacunas gratuitas en todo el país, algunos gobiernos estatales –sobre todo los republicanos de Texas y Florida– se han resistido activamente a imponer el uso obligatorio del barbijo, mientras franjas de su población se niegan a vacunarse, incluso cuando los casos se disparan.
En consecuencia, Biden y sus partidarios han empezado a llamar a la actual ola del virus una “pandemia de los no vacunados”.


























































